domingo, 27 de febrero de 2011

Calorías

La biología ha descubierto que delgadez es sinónimo de inmortalidad, o casi: quien pasa hambre cuenta con bastante más posibilidades de durar que aquel otro que se atiborra de grasas, pasteles o costillas. Lo cual se debe, dicen, a que la alimentación somete a nuestras células a una prueba diaria de resistencia de las que salen trastornadas y hechas jirones, un asco, vamos. Lo mismo, se me ocurre, pasa con la literatura. Una literatura obesa, hinchada, cargada de circunloquios y adjetivos, calórica en el buen y el mal sentido, se destroza poco a poco sin remedio. La literatura frugal, escuálida, por contra, sobrevive. Por ceñirnos a la segunda letra del abecedario, Benet está muerto, pero Baroja no.

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